Supongo que muchos de vosotros os preguntaréis qué es eso de “Procrastinación”. Pues es algo muy sencillo, que por desgracia muchos de nosotros hacemos continuamente: es el hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

Un ejemplo sencillo de Procrastinación sería este: “Sé que tengo que contestar urgentemente la reclamación de un cliente importante, pero en lugar de hacerlo acabo limpiando la bandeja de entrada de mi correo, que podría hacer en cualquier otro momento”.

¿Por qué muchas personas, aun teniendo buenos hábitos para optimizar su tiempo, no consiguen seguirlos y los incumplen constantemente?

¿Por qué a pesar de tener cada vez más metodologías y técnicas de gestión del tiempo, y de disponer de nuevas y sofisticadas herramientas de apoyo, algunas personas siguen estando frustradas por no conseguir “sacar el máximo partido” a su tiempo?

Muchas personas piensan inicialmente que se trata de un problema metodológico, pero en realidad es un problema de índole psicológico, que se basa principalmente en dos cuestiones:

1. Procrastinación: dificultad de respetar una cierta disciplina mental y acabar aplazando “lo que supuestamente es prioritario”. Esta tendencia normalmente es ocasionada por distracciones y confusión a la hora de seguir las pautas preestablecidas de eficiencia. A los afectados les ocurre que acababan haciendo otras cosas, aún cuando sus pautas de gestión del tiempo les marcan otras actividades como prioritarias.

2. Exceso de Control (en ocasiones obsesivo y compulsivo): este problema se debe en general al exceso de auto-exigencia y expectativas en cuanto a los objetivos y tareas a conseguir (los afectados se suelen marcar un exceso de tareas y objetivos, por encima de sus posibilidades de éxito).

En ambos casos las consecuencias para el que lo sufre suelen ser las mismas: se tiene una sensación de frustración, mal estar y descontento.

Las causas que más tienen que ver con estos problemas de “procrastinación” son fundamentalmente dos:

1. Conflicto entre los valores de la persona afectada, que hacen que irremediablemente acabe dirigiendo sus esfuerzos hacia algo que para ella, subconsciente y emocionalmente, es más importante que lo marcado racionalmente.

2. Exceso de expectativas en el numero de tareas y objetivos a cumplir, generado por el uso de técnicas y metodologías que les generan la expectativa de que gracias a ellas acabarán “consiguiendo más cosas”.

Mientras estas personas no aborden un trabajo basado en el descubrimiento y priorización de sus valores, y un redimensionamiento de las expectativas personales, seguirán atrapadas en la frustración y el malestar generado por la creencia de “no estar gestionando adecuadamente su tiempo”, independientemente de las metodologías y herramientas que usen para ser más eficientes.

Un ejemplo típico de Exceso de control es: “Siento que al día le faltan horas y no consigo encontrar el tiempo para realizar todo lo que me propongo”.

Tratar de tener todo seguro y controlado, se convierte muchas veces en una trampa de la mente que nos lleva a afrontar la vida con tanta rigidez que se acaban generando fricciones con el entorno y con nosotros mismos. Esta rigidez de pensamiento genera frustración cada vez que no exista correspondencia entre la expectativa de resultado y el resultado finalmente obtenido.

En estos casos es importante que nos preguntemos: ¿quiero ser eficiente para que todo lo que preveo se cumpla, o quiero ser feliz? Porque no necesariamente debe existir una relación causa efecto entre una y otra, aunque la persona, de partida, cree engañosamente que solo será feliz si se cumple lo previsto. Pero la realidad normalmente es otra, ya que la felicidad es una actitud, y no una consecuencia de acciones o de circunstancias.

Sólo si afrontamos este problema desde una perspectiva psico-emocional podremos mejorar una gestión del tiempo que de por sí ya está siendo eficaz por el uso de las técnicas y herramientas que estamos aplicando, pero no están siendo constructivas las sensaciones que quedan como efecto de un proceso mental que basa la felicidad en el cumplimiento de una mera expectativa. Es decir, una fantasía personal muy subjetiva, que podría mejorarse siendo simplemente un poco más realistas y equilibrados a la hora de prever resultados, y abiertos a que los resultados puedan ser otros.